Un genuino movimiento (social y/o cultural) instala interrogantes insospechados, porta el germen que resulta contagiando las presuntas verdades de la historia y las anquilosadas significaciones de percibir el mundo. El movimiento, además de ejercer una fuerza microfísica en los espacios sociales, alberga con intensidad, la presencia de una torsión epistémica, política y ontológica.
Asumamos, si queremos lo anterior, situando el caso de la tan mencionada revolución digital, que como condensación de una fuerza social y cultural encarnada por los artistas que hacen un uso creativo de las nuevas tecnologías, han obligado a plantear asuntos bastante interesantes y promisorios para lo que se viene llamando la producción inmaterial y biopolítica.
En el suplemento cultural BABELIA del diario El País, se hace un sucinto reportaje de la revolución digital y del arte y las nuevas tecnologías. Para seguir leyendo haga click aquí
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