Hoy en día existen muchas expresiones de la despolitización de la existencia, cuestión que lleva a un empobrecimiento de las experiencias y de los lenguajes. Pero creo que ese estar a la intemperie, errando, esa desposesión con que compartimos, es la clave (ya no asumida con nostalgia, como pérdida de valor, sino lo que nos impulsa a componer con los restos de humanidad que nos quedan). Sé que son muy pocos, esta estética residual no lo es tanto de la desaparición sino de la inteligencia colectiva. la relación entre humano-máquina, entre el ser humano y lo viviente en una gesta por componer el bios con los que están más próximos.
En este lugar de la política, que está ligado tanto a la esfera de la gestualidad y de cierta dramatización, como a la necesidad de ser sujeto en despliegue existencial, se está convocando por accidente, por la circularidad del planeta tierra ( M.Loreau, decía “si el mundo fuese cuadrado nos podríamos ocultar tras las esquinas, pero dado que es redondo, hemos de dar la cara”) la circulación de contenidos inéditos, apuestas colaborativas de creación, empresas trasnacionales, formas de resistencias y de creación en una diversidad de modos ilimitados. Es el espacio contemporáneo por excelencia de los movimientos de movimientos, nuevas formas de lucha colectiva, en donde es la vida, como decía el filósofo colombiano E. Garavito, la que se resiste a cualquier injuria y formateo.